martes, julio 24, 2007

Invasión

A las dieciseis, entró una pareja de jovencitos al departamento, acompañados por el de la inmobiliaria.
Muv los siguió desde atrás, mientras pasaban de una habitación a otra. El chico, que debería tener veinticuatro o por ahí y venía vestido de traje, miraba el cielorraso de las habitaciones, abría las canillas y golpeaba azulejos.
La chica miraba por las ventanas, recorría el piso con la vista y sonreía.
Se acercó a Muv.
Qué linda tu casa, le dijo.
Gracias, dijo Muv, devolviendo la sonrisa, en realidad, es de mi... ,y buscó la palabra que se adecuara: novio, chico, pareja, concubino, marido y no supo por cuál decidirse, de mi novio, completó y se sintió tremendamente rídicula llamando novio a Salvador.
¿Por qué se mudan? preguntó el chico, acercándose.
Porque compramos una casa, respondió Muv.
Qué lindo, dijo la chica.
Sí, dijo Muv y vió como el chico se metía en la cocina y tocaba la llave del gas y examinaba el calefón.
Fuiste feliz acá, preguntó la chica.
Aún lo soy, contestó Muv. Y de repente, se sintió mal. Invadida, viendo como esos extraños analizaban sus cosas, caminaban entre sus recuerdos pero contuvo la angustia - era todo lo que había aprendido, después de meses, a contener la angustia- y se comportó como si aquí no hubiese pasado nada.
Después de recorrer el departamento por última vez, el de la inmobiliaria y los chicos, salieron hacia la calle.
Y a Muv le quedó la sensación de que ya no pertenecía a ese lugar.

2 comentarios:

Vill Gates dijo...

Que temita... amigo, novio, marido.
Dicen que los humanos necestamos del "rito" que nos una de alguna manera, aunque sea meramente simbólica.
Por ahí pasa el tema de los anillos creo.
No se si te acordás del rito gitano de cortarse ambos, mezclar la sangre y quedarse atados así un ratito como si la sangre "pasara" de uno a otro. Parece primitivo pero tiene un significado muy profundo y hermoso.

Tal vez acá, falte un rito.

Fender Gebiet dijo...

Hace unos días viví algo así. Yo estaba ahí, pero ya no estaba. Estaba a mil kilómetros. Lejos. Pero el lugar me era enteramente familiar: las ventanas ruidosas, la pérdida de agua del baño, etc.
Era como una piel vieja que dejaba ahí, ya no me servía para nada.