jueves, noviembre 30, 2006

Cinco clases de mujeres que Muv odia

1-Las que tienen amigas a las que llaman Nane o Fini o Marité.
2- Las que cuentan en medio de una reunión en donde no conocen a nadie sus andanzas sexuales
3- Las que siempre le piden a las demás que se arreglen un poco
4- Las que se apropian de lo que se les recomendó. Leáse: peluquero, dentista, ginecólogo.
5- Las que se refieren a su interlocutora con las siguientes palabras: negri, bichi, gordi, diosa, genia y en el peor de los casos, mi amor.
5A- También a las que dicen pichona, tesoro y querida.

Hambre


Harta, harta. Me tienen harta, decía elevando el tono de voz la madre de Salvador. O no vienen nunca o caen a comer todos los días como si esto fuera una fonda. Ya son grandes, qué se creen, que uno vive para ustedes, que no tiene vida propia. Malcriados. Hasta cuándo van a estar viviendo como adolescentes, por qué no sientan cabeza, será posible. Espero que estés escuchando Salvador. Un día de estos te cambio la cerradura y no entrás más. Vas a tener que llamar antes de venir, a ver si así, por lo menos, te acordás de llamar a tu pobre madre de la que sólo te acordás cuando tenés la heladera pelada. Podrida, podrida me tienen.
Bueno, má, intentaba calmarla Salva, mientras doblaba un boleto de colectivo. No digas así, si yo te llamo siempre.
Bueno, Isabel, si querés te llamo yo, decía Muv. No te enojes.
Siempre. Siempre dice mi hijo, dice la madre de Salva. Siempre que necesitás algo de plata o que estás muerto de hambre. Por qué no lo mantenes vos, nena. Tanto que se la pasan juntos. Hace veinte años que andan pegados, es hora de que se empiecen a buscar la vida.
La madre de Salvador caminaba taconeando de acá para allá mientras levantaba el tono. Cada tanto, se detenía y miraba con furia a su hijo. Sobre la mesa del teléfono se apelotonaban las fotos de Salvador a los dos meses tomando la mamadera; a los cuatro, soplando velitas; a los once, haciendo un globo con el chicle mientras Muv hace vicera con la mano y deja chorrear un helado; a los 19, comiendo un asado.
Y qué, les gritó antes de entrar al baño a maquillarse para salir a trabajar, no piensan contestarme nada, ustedes?
Muv arqueó las cejas. Contestale vos. Es tu mamá, después de todo.
Salvador rompió el boleto de colectivo. Levantó la vista, movió la silla, se paró y camino hasta dónde estaba su madre parada.
Se apoyó contra el marco de la puerta del baño y le sonrió.
Tengo hambre, le dijo.

martes, noviembre 28, 2006

Interesante

Durante su adolescencia, Muv se enamoró de un escritor. No lo conocía en persona. Sólo había leído todos los libros que el escritor publicó - él era una especie de promesa de las letras argentinas, en aquel momento. Ni siquiera le conocía la cara pero aseguraba que él entendía lo que ella sentía, que él la comprendía aún sin necesidad de verla, como sólo se puede asegurar a los diecisiete.
Muv devoraba los suplementos literarios esperando encontrarlo. No faltaba un solo día a la Feria del libro y una noche, sorpresivamente, encontró al escritor a la salida de un cine.
Pasaron unos años. El amor adolescente se evaporó como todos los amores adolescentes de Muv (no crean que el escritor fue del único que Muv se enamoró, no. Tambien se enamoró de un locutor, de un actor y de un músico con igual destino), el escritor se fue a vivir a otro país, se casó dos o tres veces con mujeres de distinta nacionalidad. Cada tanto Muv lo recordaba con ternura aunque casi no lo leía.
Hace unos días, Muv tuvo una entrevista en una editorial dónde casualmente se volvió a encontrar con el escritor que quién sabe por qué la reconoció.
-Ya nos conocemos, no es cierto-dijo el escritor mientras daba un paso hacia adelante para saludar a Muv.
-Nos hemos visto, sí- aseguró ella con un poco de vergüenza.
-¿Dónde?-preguntó el escritor, ahora, demostrando que el paso del tiempo fue muy cruel con su cara y su cuerpo.
-Bueno, nos vimos hace diez años en la Feria del libro y en la librería Gandhi y a la salida del cine.
-Eras mi fanática. Te voy a decir una cosita - dijo el escritor- cuándo yo contaba que una chica me seguía a todos lados, nadie me quería creer.
Muv sonrió y se puso un poco colorada.
Tomaron un café, hablaron de trabajo, de otros escritores. Y todo fue cordial y amable, casi todo el tiempo, menos cuando el escritor se ponía intimidante con sus dichos o sacaba chapa de hombre muy leído.
¿Sabés?- le contó Muv a Salvador por telefóno - Hubiese preferido no conocerlo. Mi escritor era mucho más interesante que la persona que es.
Salvador bufó.

domingo, noviembre 26, 2006

Tarde


No sé si alguna vez lo sentiste-le cuenta Muv a Salvador- viene alguien, alguien que ves todos los días, que está ahí, a un costado, al lado tuyo. Viene y pone su mano en tu hombro y vos sentís algo que no sentiste nunca antes. No es ninguna de esas payasadas de corriente eléctrica, ni mariposas en la panza, ni estrellitas, ni campanas. Es otra cosa. Es la sensación de que esa mano que se apoya sobre tu hombro, está bien ahí. Que tiene el peso y la temperatura adecuada, que es imposible que no haya estado en tu hombro antes. Qué ahí tiene que quedarse.
Y levantás la cabeza y ves a ese que estuvo al lado tuyo todo ese tiempo en donde ni siquiera lo veías y te preguntás cómo es posible que hayas estado mirando para otro lado, intentando en otro lado, cuándo todo estaba ahí.
Y después de ese día esperas cualquier otro momento en que esa mano te vuelva a tocar. Y sucede. Mágicamente, un día, esa misma mano se apoya en tu cuello o te acaricia la cara y vos pensas que esa caricia, que el olor de esa mano es la que quisiste sentir todo este tiempo.
-Sí- interrumpe Salvador-. Todo muy lindo, todo muy romántico pero ¿qué fue lo qué hiciste con todo eso, una vez que descubriste la realidad de la mano que te tocaba?
-No hice nada. ¿Qué iba a hacer? Fue una mano que tenía una familia, que llegó a mi hombro tarde.

miércoles, noviembre 22, 2006

Hormonas


Lloró toda la noche. Sigue llorando aunque es de día. No atendió el teléfono, ni prendió el televisor. La casa está muda. No hay más ruido que el que llega desde la calle. Dos bocinas, un pibe que grita y empieza a llover.
Genial, piensa Muv, ahora sí estoy como quiero. Ojalá llegue una tormenta eléctrica. Una tormenta como esas que me daban tanto miedo. Solo hace falta que se haga de noche.
Cuando tenía cuatro años, las noches de tormenta, me asustaba que el monstruo de debajo de la cama saliera a cortarme el pelo.
Se acurruca en la cama, se tapa hasta el cuello. Se da vuelta. Se destapa. Saca una pierna y la apoya sobre el acolchado.
Camina descalza hasta el baño. Se mira al espejo. Los ojos hinchados parecen dos mandarinas. Se levanta el flequillo.
Y basta de llorar, gansa, se dice, nunca arreglaste nada llorando.
Pero estoy tan triste, se contesta.
Siempre estás triste, me tenés harta, se vuelve a decir. Pintate esa cara y andá a dar una vuelta. Todo este rollo es hormonal. No dejes que las hormonas te dominen.
Se seca las lágrimas. Arrastra los pies, desandando el camino hasta el dormitorio. Se acuesta y se duerme. Mañana será otro día.

domingo, noviembre 19, 2006

Oficios

Muv camina llevando y trayendo el equipo del mate.
Falta azúcar, dice Salva, mientras espera, sentado en el piso que por fin su amiga del alma empiece a contar la nueva Muv-aventura de la semana.
-Y qué pasó con el tipo ese que ibas a ver el jueves - preguntó Salvador.
-No era un tipo. Era un pibe- contesta Muv sin mirar -. No pasó nada.
Salva comienza a autocebarse mate.
-Un pibe, un tipo, es lo mismo. Tienen los mismos repuestos. ¿Por qué no pasó nada?
Muv abre las cortinas y deja que pasen los últimos rayos de sol. Prende un cigarrillo y habla, con el humo bordeandole el flequillo.
-No sé, estoy vieja. Nadie entiende mis chistes.
-Es que nunca fuiste graciosa.
-Gracias, necesitaba que alguien me lo dijera.
Salvador lucha con el mate tapado y abandona después del tercer intento.
-Me dijo puta - contó Muv, apoyando su cabeza en la pierna de Salva.
-¿Entonces?
-Le dije panadero. Y no se rió.

Volver a casa



Durante un tiempo vivió en otro lado.
http://lacasaviejademuv.blogspot.com/
Los recuerdos de la casa anterior, como siempre, se entienden mejor para el recién llegado, si se leen de atrás para adelante. Llegó, vivió, se fue. Desde mayo'05 a enero'06
Vivió en otro lado y allí quedó parte de lo fue hasta que decidió viajar.
Y viajó durante mucho tiempo. Casi un año. Un día, se cansó y volvió.
Conseguió una casa nueva. Le puso sus discos, sus libros, sus plantas. Su olor. Sus cosas.
La casa, todavía, no tiene mucho color aunque el sol entra por todas las ventanas y a veces se siente feliz en esa casa iluminada.
Y Salvador, su amigo Salvador, llega a la casa de Muv - de Muv hablabamos, claro - y se acuesta en el piso, mientras ella le cuenta, como le contó siempre, las cosas que se le ocurren.
Algunas cosas están como siempre. Otras cambiaron radicalmente. La cabeza, sí, la cabeza cambia con los viajes. El corazón, no. Cosas que pasan.
Pasen y vean.
Vean y escriban.
Bienvenidos.
Otra vez, de nuevo, de vuelta. Una chica como Muv.